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Jorge García Cárdenas

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Jorge García Cárdenas

Del contrato al sistema: cómo parametrizar y vigilar un seguro de crédito

 


Una póliza archivada no es un control operativo. Para incorporar el seguro de crédito a la gestión diaria, propongo traducir sus condiciones en datos, reglas, alertas y evidencias verificables.

Crear una ficha de cobertura, no una casilla de “asegurado”

Registraría por deudor su identificación, clasificación, límite autorizado, porcentaje aplicable, moneda y fechas de efecto. A nivel de póliza, incorporaría operaciones elegibles, exclusiones, franquicias y límites globales, cuando existan.

Cada parámetro debería enlazar con la cláusula, suplemento o comunicación que lo respalda, indicando quién lo validó y desde cuándo resulta aplicable.

Mantendría separados tres conceptos: límite interno de riesgo, límite otorgado por la aseguradora e indemnización estimada. No los utilizaría como valores intercambiables.

Construir controles alrededor de cada operación

El circuito propuesto sería:

Nueva operación → consulta de condiciones vigentes → cálculo de exposición → revisión de excepciones → declaración, cuando proceda → confirmación y archivo.

Una solicitud de cobertura pendiente no debería registrarse como una autorización concedida. Del mismo modo, una operación autorizada comercialmente no debería aparecer automáticamente como asegurada.

Ante una reducción de límite, conservaría el histórico y revisaría sus fechas de efecto y su aplicación a operaciones anteriores y nuevas. Evitaría sobrescribir el dato y perder la información utilizada en decisiones pasadas.

Parametrizar plazos y conservar justificantes

Crearía calendarios específicos para declaraciones de ventas, comunicaciones de impago, solicitudes de prórroga y entrega de documentación, según las obligaciones aplicables a cada póliza.

Cada plazo debe calcularse desde el acontecimiento contractual correcto, sin asumir que todos comienzan con la emisión de la factura. Las prórrogas también requieren tratamiento propio: Crédito y Caución explica que su funcionamiento está sujeto a las condiciones de la póliza.

El sistema debería conservar el justificante de cada comunicación y escalar los errores o la ausencia de confirmación.

Existen posibilidades de integración: Cesce ofrece API para consultar riesgos y gestionar declaraciones de ventas, cobros, prórrogas y documentación de impagos. Su utilización debe ajustarse a los servicios disponibles y a los requisitos de cada integración.

Comprobar antes de confiar

Antes de poner el proceso en producción, probaría casos de límite superado, cambio de condiciones, pago parcial, devolución bancaria y fallo de comunicación.

También diferenciaría cobertura estimada, expediente comunicado, indemnización aceptada e indemnización cobrada.

Parametrizar el seguro ayuda a controlar su cumplimiento, pero no sustituye la póliza ni garantiza la indemnización. Las reglas deben validarse con la aseguradora o el mediador y revisarse cuando cambien las condiciones.

Seguro de crédito en España: cómo elegir una cobertura que encaje con tu cartera




Contratar un seguro de crédito no equivale a asegurar que cualquier factura será cobrada. 

La Ley de Contrato de Seguro vincula la indemnización a las pérdidas y a los límites establecidos legal y contractualmente. Por tanto, la protección debe analizarse sobre las condiciones concretas de la póliza.

Mi propuesta es comenzar por la cartera de clientes, no por el precio de la prima.

Conocer qué exposición se quiere proteger

Prepararía un análisis con ventas a crédito, saldos pendientes, concentración por cliente, plazos de pago, historial de incidencias y máximos de exposición.

La tecnología puede ponerse al servicio de esta evaluación mediante un modelo que permita comparar escenarios: crecimiento comercial, estacionalidad o impago de un cliente relevante.

No utilizaría únicamente la facturación anual. También revisaría cuánto dinero puede permanecer simultáneamente pendiente de un mismo deudor.

Comparar condiciones, no solo porcentajes

Las modalidades disponibles pueden diferir en alcance, porcentaje de cobertura, valoración de clientes, obligaciones de declaración, plazo de indemnización y límite máximo indemnizable. El comparador de Cesce refleja estas diferencias entre sus productos.

Para valorar propuestas, construiría una matriz que recogiera esas condiciones y las contrastaría con las necesidades reales de la empresa.

Además, solicitaría confirmación escrita sobre cuestiones especialmente relevantes: tratamiento de la deuda anterior a la contratación, operaciones excluidas, franquicias, impuestos, disputas comerciales y cambios en las condiciones de pago.

Calcular qué parte del riesgo permanece en la empresa

Un ejemplo puramente ilustrativo: si una pérdida elegible asciende a 80.000 euros y se indemniza al 90 %, dentro de los límites y sin franquicias ni otros ajustes, la indemnización sería de 72.000 euros. Los 8.000 restantes seguirían a cargo de la empresa.

El análisis debería contemplar también la tesorería necesaria durante la espera. Un plazo de indemnización no equivale a disponer del dinero en la fecha de vencimiento de la factura.

Incorporar la operativa a la decisión

Antes de contratar, comprobaría quién gestionará las declaraciones, cómo se comunicarán los impagos y qué integración existe con los sistemas internos. Una cobertura debe poder administrarse con los recursos disponibles.

La decisión final debería reunir a Riesgos, Finanzas, Operaciones y al asesor o mediador de seguros.

El mejor seguro no es necesariamente el más barato ni el que anuncia el porcentaje más alto: es el que ofrece una protección adecuada y cuyas condiciones la empresa puede cumplir y demostrar.

Automatizar el recobro en España: menos comunicaciones innecesarias y más control


Automatizar la reclamación de deuda no debería consistir en programar el mismo correo para todos los clientes. Propongo un enfoque diferente: que cada comunicación responda a una situación comprobada y forme parte de una estrategia de recuperación.

El vencimiento debe estar correctamente definido

En las operaciones entre empresas sujetas al régimen general de la Ley 3/2004, el plazo de pago, cuando no existe pacto, es de 30 días naturales desde la recepción de las mercancías o la prestación del servicio. El plazo pactado no puede superar los 60 días naturales. Esta ley excluye las operaciones con consumidores, por lo que no debe trasladarse indistintamente a toda la cartera.

Por ello, el primer control del flujo debería identificar el tipo de cliente y el régimen aplicable, además de comprobar la fecha de vencimiento.

Revisar antes de reclamar

Plantearía un circuito con esta secuencia:

Vencimiento → conciliación de cobros → comprobación de incidencias → selección de actuación → comunicación → seguimiento.

Antes de enviar un mensaje, el sistema debería verificar si la factura continúa pendiente, si existe un abono, una disputa abierta o un acuerdo de pago vigente.

Cuando aparezca una incidencia, propondría detener la reclamación automática y trasladar el caso a un gestor, manteniendo la vigilancia de los plazos legales y del seguro de crédito.

Esta separación evita tratar como equivalentes situaciones diferentes: un olvido puntual, un error de facturación y un deterioro de solvencia.

Coordinar canales, no multiplicarlos

Diseñaría un historial compartido para los equipos internos y el proveedor externo de recobro. Antes de contactar, ambos deberían conocer las comunicaciones anteriores, las respuestas recibidas y los compromisos pendientes.

También establecería controles para evitar envíos duplicados y volvería a comprobar el saldo inmediatamente antes de cada reclamación.

La inclusión de personas físicas en sistemas de información crediticia requiere verificar requisitos específicos. No debería activarse únicamente porque una factura haya superado determinado número de días: la AEPD exige, entre otras condiciones, una deuda cierta, vencida y exigible.

Medir recuperación, no actividad

Evaluaría el flujo por el cobro obtenido, el cumplimiento de acuerdos, el tiempo de resolución y las comunicaciones incorrectas evitadas. El volumen de mensajes sería una métrica secundaria.

La mejor automatización de recobro no es la que más insiste, sino la que ayuda a actuar correctamente en cada momento.

Un cuadro de mando no controla la deuda: las decisiones que activa, sí

 



Un panel puede mostrar cuánto dinero está pendiente de cobro. La pregunta importante es otra: ¿qué debe hacer la empresa cuando cambia ese dato?

Mi propuesta para una empresa que opera en España es diseñar el control de riesgo desde las decisiones que necesita tomar, no desde los gráficos que quiere visualizar.

Una cartera, una información coherente

El primer paso sería integrar facturas, cobros, devoluciones, abonos, reclamaciones y límites de riesgo. No basta con reunirlos: hay que establecer cómo se relacionan y evitar duplicidades.

Por ejemplo, una factura y su recibo bancario no deberían contabilizarse como dos deudas distintas. También conviene separar un pago confirmado de una promesa de pago o de un recibo enviado al banco cuyo resultado todavía se desconoce.

Para negocios de facturación periódica, incorporaría además una estimación identificada de los servicios prestados pendientes de facturar. Así, el análisis no quedaría limitado a lo que ya aparece en las facturas.

Medir resultados y anticipar problemas

Separaría las métricas de recuperación de las señales de alerta.

Entre las primeras incluiría importe recuperado, antigüedad de la deuda y cumplimiento de acuerdos. Entre las segundas, crecimiento de la exposición, devoluciones repetidas, concentración en determinados clientes y proximidad a los límites autorizados.

Un ejemplo ilustrativo: un cliente tiene 40.000 euros pendientes y otros 15.000 en servicios prestados sin facturar. Si su límite interno es de 50.000 euros, la exposición considerada alcanza 55.000. El control debería señalar ese exceso aunque todavía no exista impago.

De la alerta a la actuación

Power BI permite integrar determinadas alertas de datos con Power Automate para activar flujos, como el envío de notificaciones. Esa conexión ofrece una base para convertir un indicador en una actuación asignada.

Sobre ella, propondría crear un expediente de revisión con responsable, plazo, información del cliente y registro de la resolución.

También vigilaría el propio sistema: última actualización correcta, integridad de los datos y ejecuciones fallidas. Microsoft advierte de que no todos los errores de un flujo generan una notificación individual por correo; por tanto, no conviene depender exclusivamente de esos avisos.

El objetivo no es tener más información en pantalla, sino reducir el tiempo entre detectar una exposición y decidir cómo gestionarla.

El riesgo de crédito empieza antes del impago: cómo diseñar un flujo de admisión



Cuando una factura queda impagada, comienza la recuperación. Sin embargo, la primera decisión de riesgo se tomó mucho antes: al aceptar al cliente y establecer sus condiciones comerciales.

Por eso, propongo abordar el riesgo y los cobros como partes de un mismo proceso, conectando la admisión, el seguimiento de cartera y la recuperación.

Primero, definir las reglas; después, automatizarlas

Antes de construir un flujo, la empresa debe decidir qué información necesita, qué exposición está dispuesta a asumir y quién puede autorizar excepciones. Sin estas definiciones, la automatización ejecutará decisiones sin un criterio compartido.

Un esquema de trabajo sería:

Solicitud comercial → validación de datos → evaluación del riesgo → aprobación o revisión manual → registro de la decisión → seguimiento.

En la entrada, comprobaría la identidad del cliente, la documentación disponible y la coherencia de los datos. Después, evaluaría la operación considerando su importe, plazo de pago, exposición prevista e información crediticia obtenida de fuentes adecuadas.

Lo que el automatismo no resuelve debe llegar a una persona

La ausencia de una puntuación de riesgo no debería interpretarse automáticamente como insolvencia. Propongo diferenciar entre información insuficiente, inconsistencias documentales y señales desfavorables.

Cada situación necesita una respuesta distinta: solicitar documentación, corregir datos o realizar un análisis especializado.

La revisión manual debe recoger el motivo de la decisión, las condiciones autorizadas, el responsable y la fecha de próxima evaluación. Una excepción sin justificación resulta difícil de revisar posteriormente.

En España, cuando se evalúan personas físicas, incluidos autónomos, debe analizarse la aplicación del artículo 22 del RGPD. Este contempla restricciones y garantías para determinadas decisiones exclusivamente automatizadas con efectos jurídicos o similares. La intervención humana, cuando corresponda, debe ser real y permitir modificar el resultado.

Convertir la política en un proceso operativo

Herramientas como Power Automate permiten incorporar solicitudes de aprobación y continuar el flujo según la respuesta del responsable. Sobre esa capacidad, plantearía un circuito con asignación de expedientes, plazos internos y escalado de solicitudes pendientes.

También mediría qué ocurre después: impagos de clientes admitidos, resultados de las excepciones y motivos habituales de revisión.

Controlar el riesgo no consiste en rechazar más clientes, sino en aceptar operaciones con información, condiciones y responsabilidades claras.